jueves, 5 de diciembre de 2013

La vergüenza de África

Con motivo del reciente naufragio de un barco con inmigrantes africanos en Lampedusa (uno más de los que, desgraciadamente, se producen a menudo en el Mar Mediterráneo) y que conmovió a más de uno, el Papa Francisco tuvo una palabra acertada para calificar aquella tragedia: “vergüenza”. Vergüenza para todo el mundo. Para el Papa, y la inmensa mayoría, no era explicable que aquello sucediese en una época, como la nuestra, que todos consideramos como la más avanzada en muchos aspectos, comparando con épocas anteriores. Y encontró cierta explicación en la globalización de la indiferencia. Aún compartiendo totalmente esa aseveración del Sumo Pontífice, nosotros creemos que se puede identificar con nombres y apellidos a los verdaderos responsables de esas desgracias: los dirigentes africanos y sus cómplices extranjeros.

Los cincuenta y cuatro jefes de Estado de África deberían estar avergonzados, y con ellos sus ministros, altos cargos y cómplices extranjeros, por el hecho de que  jóvenes, mujeres y niños tengan que embarcarse en una aventura de inmigración, huyendo literalmente de África hacia otros continentes en busca de oportunidades que se les niegan en su propia tierra. Decimos que se les niegan porque en África hay muchas oportunidades y los dirigentes no se molestan en absoluto en que los lugareños las aprovechen. Desde hace más de una década el continente viene registrando altos índices de crecimiento y, sin embargo, eso no se traduce en la mejora de las condiciones de vida de la inmensa mayoría del pueblo. Todos los beneficios van directamente a los bolsillos de unos pocos; es decir, a los de los dirigentes y de sus secuaces.

Los cincuenta y cuatro jefes de Estado de África deberían estar avergonzados, y con ellos sus ministros, altos cargos y cómplices extranjeros, por el hecho de que sus países, asentados sobre inmensas riquezas naturales, tengan que ver a sus hijos dejar su entorno para hacer viajes que conducen muchas veces a la marginación, la exclusión o  la muerte. Mientras ellos se quedan viviendo en la opulencia y el despilfarro.


Los cincuenta y cuatro jefes de Estado de África deberían estar avergonzados, y con ellos sus ministros, altos cargos y cómplices extranjeros, por el hecho de que sus países pierdan a sus hijos mejor formados, desperdigados por el mundo porque en su tierra no tienen oportunidades, ni para desarrollarse profesionalmente ni para contribuir con su trabajo y su experiencia en la construcción de sus países, porque se les considera amenaza para los dictadores de turno.

Los cincuenta y cuatro jefes de Estado de África deberían estar avergonzados, y con ellos sus ministros, altos cargos y cómplices extranjeros, por el hecho de que el continente lleve más de cincuenta años de independencia y que sea incapaz de solucionar por sí sólo los asuntos africanos. Cada vez que surge un conflicto hay que recurrir a las antiguas metrópolis y a la comunidad internacional. En los últimos tiempos Francia se ha convertido en el gendarme continental; lo hemos constatado en Costa de Marfil, Libia, Mali, y todo apunta que pronto en Centroáfrica. A uno no se le ocurre otra cosa que  preguntarse por el motivo de la lucha por la independencia.

Los cincuenta y cuatro jefes de Estado de África deberían estar avergonzados, y con ellos sus ministros, altos cargos y cómplices extranjeros, por un largo etcétera que incluye todo aquello que hace que al continente africano, el imaginario colectivo internacional lo relacione con violencias, guerras, hambrunas, enfermedades…

¿No será, a caso, que los cincuenta y cuatro jefes de Estado de África, sus ministros, altos cargos y cómplices extranjeros son unos sinvergüenzas?





4 comentarios:

  1. Muy bien Néstor, para mi, son unos sinvergüenzas

    ResponderEliminar
  2. Muchas gracias. Creo que va siendo hora de que se les diga a los dirigentes africanos a la cara lo que son. Con tanta diplomacia no se va a ninguna parte. Sería deseable que los interlocutores de los jefes de estado africanos les dijeran a la cara que así, no! Ya llevamos más de 50 años de paños calientes. Un abrazo.

    ResponderEliminar
  3. También me pregunto yo y hace ya mucho tiempo, ¿qué demonios hacen los jefes de Estado africanos que no protegen a su gente?
    Pues pienso que lo único qué hacen es servir al dios dinero y nada más.
    Pandilla de corruptos!
    Saludos.

    ResponderEliminar
  4. Gracias por tu observación. Hace poco, me encontré con un ministro de fomento de un país africano y le pregunté por el resultado de su gestión. No supo articular nada coherente... Por tanto, creo que hace falta poner en marcha, en Africa, una sociedad civil que pida cuenta a los políticos.
    Un saludo

    ResponderEliminar